El cuidado de la piel no acnegénico está pensado para que sea menos probable que cause o empeore el acné, incluidos los bultos inflamados y las pústulas. La dermatóloga Mona Foad dice que, por lo general, los productos que llevan esta etiqueta se prueban durante varias semanas en personas con piel propensa al acné, y un dermatólogo comprueba si aparecen nuevos brotes. Sin embargo, la dermatóloga Mona Gohara advierte que ningún producto puede prometer el mismo resultado para todo el mundo.
El término está relacionado con «no comedogénico», pero no es intercambiable con él. Los productos no comedogénicos están diseñados para no obstruir los poros. Los productos no acnegénicos abordan el acné de manera más amplia, incluida la inflamación. Un producto puede evitar la obstrucción de los poros y, aun así, irritar la piel y contribuir a brotes inflamatorios. Ninguna de las dos etiquetas significa que el producto trate el acné.
Ambos términos tienen significados aceptados en la industria de la belleza, pero la FDA no los regula y las marcas no están obligadas a seguir un método de prueba estándar. Algunas pueden probar los productos en personas con piel propensa al acné, mientras que otras pueden basarse en las listas de ingredientes. Por eso, los dermatólogos describen las etiquetas como un punto de partida útil, no como una garantía, y recomiendan comprobar cuán transparente es una marca sobre sus pruebas.
No hay un único ingrediente que haga que un producto sea no acnegénico. Entre los ingredientes que se usan habitualmente en productos para pieles propensas al acné están la glicerina y el ácido hialurónico para hidratar; la niacinamida y las ceramidas para ayudar a mantener la piel; el ácido salicílico y los retinoides para abordar los poros obstruidos; y el peróxido de benzoilo para tratar las bacterias que causan el acné. También se mencionan la dimeticona, el escualano, el óxido de zinc, la sílice y el ácido glicólico como ingredientes que pueden ser adecuados para algunas rutinas de cuidado de pieles propensas al acné. Su presencia no garantiza que un producto no provoque un brote, y las personas con alergias o sensibilidad deben evitar los ingredientes que les afecten.
Entre los ingredientes que pueden obstruir los poros o provocar irritación están el miristato de isopropilo, el palmitato de isopropilo, el aceite de coco, la manteca de cacao, la lanolina acetilada, el laureth-4 y algunos extractos de algas. La fragancia no obstruye los poros, dice Foad, pero puede irritar la piel propensa al acné y contribuir a la inflamación. Gohara también aconseja a las personas propensas al acné que eviten las bases de maquillaje, los correctores y los bálsamos faciales densos y con base de aceite, y que prefieran fórmulas más ligeras.
Las etiquetas pueden ser útiles para las personas con piel propensa al acné, grasa o mixta, así como para quienes usan tratamientos con receta, como la tretinoína o el peróxido de benzoilo, que pueden resecar la piel. El acné también puede afectar a los adultos, incluidas las mujeres que tienen brotes hormonales a los 30 y 40 años o durante la perimenopausia y la menopausia.
Fuentes: Cosmopolitan.